La brecha digital en los servicios sociales: definición, tipos e impacto
La brecha digital es una de las principales desigualdades de la sociedad actual, especialmente relevante en ámbitos como los servicios sociales y el acceso a los derechos fundamentales. En Cataluña, esta cuestión afecta de manera desigual a diferentes grupos, limitando no solo el acceso a Internet y a la tecnología, sino también su capacidad para utilizarlas y aprovechar sus beneficios. Factores como la situación socioeconómica, la edad, el nivel educativo o la vulnerabilidad influyen directamente en esta brecha digital.
En este contexto, comprender qué es la brecha digital, qué tipos existen y cómo afecta a los grupos más vulnerables es clave para diseñar estrategias de inclusión digital eficaces y reducir las desigualdades sociales asociadas.
¿Qué es la brecha digital y por qué es importante?
Entendemos por brecha digital la diferencia en las oportunidades de acceso a Internet y a las tecnologías de la información y la comunicación que se da entre las personas debido a su situación económica o social o a sus capacidades.
Según el estudio sobre la brecha digital en Cataluña, realizado por el Departamento de Empresa y Trabajo de la Generalitat de Cataluña en colaboración con KPMG en 2022, se distinguen tres tipos de brecha digital:
- de acceso, es decir, la posibilidad que tienen las personas de acceder a la tecnología.
- de uso que las personas hacen de la tecnología y de la red.
- de conocimiento, es decir, el nivel de comprensión de la tecnología, las herramientas o la red.
Brecha digital en el acceso a la tecnología
En lo que respecta al acceso a la tecnología, existen varias razones por las que una persona no la utiliza. En primer lugar, la infraestructura no es la misma en todos los territorios y la cobertura y la velocidad de las redes varían. En el caso de Cataluña, hay zonas con menor acceso a conexiones rápidas y de alta calidad, lo que pone a los usuarios en desventaja en comparación con otras regiones con mejor conectividad.
Otra limitación al acceso a la tecnología es la capacidad económica para cubrir los costes asociados. Los recursos de las TIC suelen tener unos costes relativamente elevados, por lo que no es raro encontrar menos dispositivos en los hogares con ingresos más bajos.
La falta de conocimientos suele provocar frustración y puede ser otra razón por la que las personas decidan no acceder a Internet.
Según los datos del estudio sobre la brecha digital entre las personas atendidas por organizaciones sociales, realizado por la Taula d’Entitats del Tercer Sector Social de Catalunya, los costes de conexión son una de las principales razones por las que las personas no tienen acceso a Internet, pero también destacan el desconocimiento sobre cómo utilizar los recursos TIC o la necesidad de desplazarse para utilizarlos. En el caso de las personas con discapacidad, el 85 % percibe las herramientas tecnológicas adaptadas como más caras que los dispositivos genéricos.
El estudio revela que, aunque el uso de los teléfonos inteligentes se ha generalizado y un número considerable de personas tiene acceso a Internet, la brecha digital en el acceso a los recursos de las TIC no se ha superado por completo, y las personas que reciben apoyo de los servicios sociales, especialmente los grupos más vulnerables, siguen enfrentándose a obstáculos como el coste económico de la tecnología, la falta de autonomía para acceder a Internet desde cualquier lugar, o la falta de accesibilidad y facilidad de uso para personas con capacidades motoras y cognitivas diferentes.
Brecha en el uso de la tecnología digital
En cuanto al uso de la tecnología, se observa que a partir de los 55 años disminuye el uso de los recursos de las TIC e Internet. El nivel educativo y los ingresos influyen significativamente en el uso de Internet, de modo que la brecha digital se acentúa entre las personas con estudios incompletos o con ingresos inferiores a 900 € al mes.
Cabe señalar que, aunque se observa un menor uso entre los grupos con niveles más bajos de educación o ingresos, la adopción de la tecnología y los servicios utilizados también varía entre estos dos grupos. Las personas con bajos ingresos hacen un uso considerable de la tecnología para buscar empleo, utilizar redes sociales o aplicaciones de mensajería instantánea, mientras que las personas con bajos niveles de educación suelen utilizarla menos, independientemente del servicio.
En lo que respecta a las personas atendidas por los servicios sociales, la intensidad del uso de dispositivos y equipos de TIC depende, ante todo, de la facilidad de acceso y la autonomía de que disponen en relación con ellos. Las competencias digitales también influyen en la frecuencia de uso, ya que las dificultades para llevar a cabo actividades cotidianas con recursos tecnológicos generan sentimientos de frustración y amplían la brecha digital.
También se observa que las aplicaciones de mensajería instantánea y comunicación son, en general, las más accesibles y fáciles de usar, incluso para las personas con menos competencias en TIC. Por el contrario, los servicios que permiten la adquisición de nuevos conocimientos y habilidades pasan a un segundo plano y son más difíciles de acceder.
Los factores socioeconómicos condicionan significativamente el acceso a los recursos tecnológicos y a la formación que mejora las competencias en TIC. Los rápidos cambios en el ámbito de la tecnología pueden generar un fuerte sentimiento de frustración y baja autoestima en las personas en riesgo de exclusión social, ya que no se sienten capaces de adaptarse a estos avances.
El estudio de la Taula d’Entitats del Tercer Sector Social de Catalunya analiza también las limitaciones en las competencias sustantivas observadas en las personas atendidas por los servicios sociales:
- Se ha observado una falta de calidad en la búsqueda y el procesamiento de la información, como el desconocimiento de las palabras clave para obtener resultados, la dificultad para distinguir entre información fiable y engañosa, o las dificultades para gestionar y almacenar la información.
- En lo que respecta a la comunicación, en general se observa una mayor facilidad de uso, pero surgen dificultades en determinadas acciones, como la descarga de archivos por correo electrónico, la creación de perfiles en redes sociales o la suscripción a canales para recibir información.
- En la creación de contenidos se observa un mayor nivel de desigualdad, especialmente entre los adultos menos familiarizados con las herramientas necesarias.
- La falta de competencias también es evidente en materia de seguridad, privacidad y gestión de datos personales en línea, de nuevo de forma especialmente pronunciada entre los adultos. Esta falta de conocimientos provoca ansiedad, especialmente entre las personas con menos competencias en TIC.
- Quienes hacen un mayor uso de las TIC tienen mayor competencia para resolver los problemas derivados de ese uso, lo que aumenta la autonomía de las personas, mientras que un menor uso tiene el efecto contrario.
El informe concluye que las competencias digitales están estrechamente vinculadas a las competencias básicas, como la lectura, la escritura y el razonamiento matemático. Por lo tanto, es importante potenciar la formación en estas áreas para facilitar la adquisición de competencias digitales.
Brecha digital de conocimiento relacionado con la tecnología
El estudio sobre la brecha digital en Cataluña evalúa el desempeño en diversas tareas informáticas (uso de procesadores de texto, creación de archivos que incorporan múltiples elementos, uso de hojas de cálculo, edición de fotos, archivos de vídeo o audio, programación…), y concluye que el nivel socioeconómico influye en los resultados de estas pruebas.
Se observa que unos niveles más altos de educación e ingresos se corresponden con la realización de un mayor número de las tareas informáticas evaluadas. Solo el 26% de las personas con bajos niveles de educación ha llevado a cabo alguna de las tareas, mientras que el 92% de las personas con título universitario sí lo ha hecho. En cuanto a los ingresos, el 49% de las personas con ingresos bajos ha realizado alguna de las tareas, mientras que, en el caso de las personas con ingresos más altos, el porcentaje asciende al 85%.
La brecha digital entre los grupos vulnerables
Según la definición del estudio de la Generalitat de Cataluña sobre la brecha digital, «un grupo vulnerable es aquel que corre el riesgo de exclusión social o marginación debido a su sexo, raza, ideología, situación socioeconómica, etc.»
A las vulnerabilidades sociales más reconocidas se suma también una vulnerabilidad específicamente digital. Los grupos digitalmente vulnerables son aquellos cuyos conocimientos no serían suficientes para superar el nivel más básico de la prueba ACTIC.
El estudio sobre la brecha digital en Cataluña, basado en datos recopilados por Cáritas, señala que, entre los grupos vulnerables, el acceso ilimitado a Internet es menor que el de la población general catalana. Además, casi el 50% de los hogares vulnerables se encuentran en situación de exclusión digital.
Esta desconexión se traduce también en una pérdida de oportunidades a la hora de recibir ayudas de las autoridades públicas, buscar empleo, formarse o establecer y fortalecer relaciones sociales, lo que afecta a más del 30% de este grupo.
En definitiva, la brecha digital no es solo una cuestión de acceso a la tecnología, sino una desigualdad estructural que abarca diferentes dimensiones: acceso, uso y conocimiento. En el ámbito de los servicios sociales, esta realidad es especialmente evidente, ya que los grupos vulnerables se enfrentan a múltiples barreras económicas, educativas y de accesibilidad que dificultan su plena inclusión digital.
Como muestran los datos de Cataluña, garantizar la conectividad ya no es suficiente si no se desarrollan al mismo tiempo las competencias digitales y no se adaptan los recursos tecnológicos a las necesidades reales de las personas. En este sentido, iniciativas como el índice IDAUA ponen de relieve la importancia de abordar la inclusión digital desde una perspectiva integral e interseccional.
Por lo tanto, reducir la brecha digital requiere una acción coordinada entre organismos públicos, organizaciones sociales y actores locales, orientada no solo a facilitar el acceso a la tecnología, sino también a capacitar a las personas para que la utilicen de forma autónoma, crítica y significativa. Solo así será posible avanzar hacia una sociedad más equitativa, en la que la digitalización no amplifique las desigualdades existentes, sino que se convierta en una herramienta de inclusión y oportunidad.
¿Cómo contribuye Nidus a reducir la brecha digital?
Nidus es una herramienta digital diseñada para transformar el apoyo social. Sus funciones y su experiencia de usuario contribuyen a reducir la brecha digital de las siguientes maneras:
- El diseño web se ha creado de acuerdo con los estándares de accesibilidad del W3C (WCAG 2.2 AA).
- Los textos están certificados por la Asociación de Lectura Fácil.
- La caja fuerte digital permite acceder a los documentos en cualquier momento y sin conexión a Internet. Además, los usuarios pueden acceder a ella desde cualquier dispositivo iniciando sesión.
- El asistente de inteligencia artificial, formado específicamente por los servicios sociales, guía y facilita las tareas del usuario.
- El mapa de servicios recopila información sobre lugares de interés para el usuario, presentándola en un formato fácilmente accesible.
- La aplicación está disponible en más de 6 idiomas, lo que la hace accesible a una amplia gama de usuarios.